(Espero puedan leerlo hasta el final, y descifren el mensaje)
El mundo de Santiago se movía velozmente, el tiempo era insuficiente necesitaba añadir más horas a su día; su avaricia no tenía límites, no medía las consecuencias, no pensaba, mucho menos razonaba. Él era su propio eje no importaba nadie más; sentía que hacía lo correcto pero muchas veces lo que creemos bueno es lo que nos arrastra a nuestro propio infierno.
14 de marzo, cumpleaños de su única hija, Santiago tenía una reunión de negocios y llegó solo a la hora del pastel, pero antes de que la pequeña soplara las velas Santiago le dice que pida un deseo. Su hija cerró los ojos y por 5 segundos todo permaneció en silencio y apagó las velas.
Empieza otro día rutinario de Santiago, levantarse, trabajar hasta quedar sin aliento; viajar, ir a reuniones, a entrevistas, a generar dinero que era lo único que lo hacía feliz. Notó que su reloj estaba dañado porque marcaba justo las 12 am de ese día, y ya eran las 9 de la mañana así que lo dejó en casa.
Comenzó a ver todo muy extraño, no había autos, no había rastros de personas por las calles como si fuera un domingo, pero la diferencia es que era lunes. Se empezó a preocupar porque ninguno de sus gerentes le atendía la llamada; todo estaba en un silencio lleno de suspenso y la soledad era la única dueña de la ciudad.
Pensó que estaba perdiendo la cordura ¿Cómo podría estar pasando eso? ¿Acaso estaba soñando? Pero no, estaba absolutamente solo. ¿Y no era eso lo que quería Santiago? Al parecer no. Busco a sus amigos y ninguno apareció, fue rápidamente de nuevo a su casa, abrió las habitaciones y su familia tampoco estaba, aunque él nunca la notaba de igual manera.
No había señal de radio y tampoco de televisión. Solo él, simplemente él.
Santiago no comprendía absolutamente nada, en ese momento tenía todo el dinero del mundo, pero ¿Para qué? ¿Qué haría con él? Seguramente baño de billetes en la ducha; Perdonen mi sarcasmo, es inevitable.
También tenía todo el tiempo que deseaba tener, pero ya no sabía cómo gastarlo. Estaba solo con él mismo y en ese momento se dio cuenta de algo: Era insoportable. Y lloró amargamente. Sí, lloró. El gran Santiago estaba desesperado en volver a tener el control de todo y ahora el tiempo es quien lo controlaba a él.
Salió corriendo de su casa y se arrodilló en medio de la autopista queriendo morir, pero ni eso podía; pobre Santiago ni la muerte era su amiga. Pero en ese instante por su mente comenzaron a pasar muchas escenas como una película pero en tras cámara y se empezó a ver; se veía ocupado, engreído, ambicioso, narcisista, queriendo controlar todo a su antojo, siendo egoísta y cruel, simplemente viviendo en su propio mundo. Sin embargo detrás de Santiago estaba su pequeña intentando hablar con el de su día, había ganado el primer lugar en poesía y aunque lo invitó a la presentación Santiago nunca fue a una, porque no tenía tiempo. Y mientras la niña hablaba emocionada, feliz de haber ganado, Santiago estaba en su teléfono y no escuchaba ni una sola palabra. Al darse cuenta de esto la niña baja su cara y corre a su habitación llorando preguntándose si su padre la quería ¿Si sentirá amor Santiago por otra persona que no fuera él? Lo dudo. La pequeña pensaba que seguro era porque no le interesaban los negocios, no quería ser como su padre, soñaba con ser una gran escritora.
Por otro lado Santiago vio a su esposa. Si amigos, tenía esposa. Estaba afanada en casa con la comida, la limpieza, el niño, las responsabilidades que su esposo jamás consideró. Desde que ellos se casaron por el embarazo ella renunció a sus sueños de ser una gran modelo, para cuidar al bebé y la amaba pero ya no se amaba a sí misma. Estaba necesitada de cariño, de atención, de un beso cálido por las mañanas, cosas que nunca recibió. Por las noches se embriagaba esperando a Santiago que sabía que no llegaría, siempre con la excusa de que “sigo en la oficina querida”; su vida se convirtió en una cárcel y perdió el total interés en salir adelante, pues tampoco le faltaba nada material y con eso se resignaba.
¡Dios Santo! Santiago no lo podía creer ¿Cómo no se pudo dar cuenta? ¿Pero cómo lo notaría? Si estaba ciego viviendo en su mundo de egoísmo, creyendo que si no les faltaba nada ya serian felices, pero qué hombre tan idiota.
Lloró, se lamentó, gritó perdón con todas sus fuerzas. ¿Pero quién lo perdonaría? No había nadie. Estaba entrando en pánico, su corazón latía con mucha rapidez, sus manos temblaban, su pecho ardía, dolía; sentía que estaba quedando sin aire, todo estaba muy estrecho y lo peor, estaba solo. En medio de sus crisis automáticamente pasa otra escena por su mente: 14 de marzo del 2000, hace 20 años. Su hija cumplía 10 años, él mandó a preparar todo, a comprar el mejor regalo, el mejor pastel, la mejor fiesta pero como siempre llegó tarde, y retrocedemos al comienzo ¿Se acuerdan que la niña pidió un deseo? Bueno en realidad, fue Santiago que se lo pidió. Todo esto pasaba muy rápido en la mente de Santiago pero justo cuando la niña cerró los ojos pudo escuchar lo que pidió: “Deseo que mi padre quede encerrado en su propio mundo, sepa lo que es sentirse solo y sin amor” Todos aplaudieron. Santiago le dijo que pidiera un deseo sin saber que él mismo se condenaría, y fue sin querer; pero su hija lo hizo queriendo. «Fue un deseo sin querer, pero queriendo»
Quedó atónito, impactado, empezó a caminar hacia atrás queriendo escapar, todas las escenas se disolvieron y vio su mundo cayendo en pedazos, todo se movía demasiado rápido, se destruía su imperio, de un momento a otro parecía estar en una habitación oscura donde las paredes se hacían cada vez más estrechas, corría por todo el lugar, pasaba las manos por su rostro ¿Esto no podía ser real? Entre todo eso aparecieron varias puertas en el lugar, una se abría y veía a su esposa e hija marchándose y cuando corría para alcanzarlos se cerraba en su cara, lanzándolo al suelo. Otra se abría y observaba su empresa cayendo a la ruina, corrió y corrió, pero todo se sentía en cámara lenta y se volvió a cerrar la puerta ahí cayó de rodillas. Hasta que apareció otra puerta abierta, cuando levanta su mirada se ve a sí mismo, hecho nada. Mientras se arrastraba por el suelo, su reflejo se burlaba y le decía: “Lo perdiste todo ¿Cómo es tu mundo ahora?” ¡Lo perdiste todo! Esa frase le retumbaba la cabeza.
Santiago gritó: ¡Basta, por favor, Ya no más! Y Llorando descontroladamente como un niño, se abrazó las piernas en el piso, diciendo una y otra vez: “Ya basta, ya basta”
-¡Señor Santiago! ¿Está bien?- Pregunta la enfermera cuando lo ve en el piso.
-¿Qué día es hoy enfermera?- Le dice llorando Santiago.
-Es 14 de marzo, el cumpleaños número 30 de su hija.
Santiago sollozaba como un bebé y desconcertado sin saber que había hecho todos estos 20 años empezó a gritar con gran estruendo diciendo: ¡Es verdad!
Repetía y repetía: ¡Me condené enfermera, me condené! ¡Perdón hija, perdón!
-Hay que colocarle de nuevo la camisa de fuerza, llévenlo a aislamiento está pasando otra vez. Dijo la enfermera a sus compañeros.
Y cuando cerraron la puerta, el grito del señor Santiago se escuchó por todos los pasillos del manicomio en un eco constante que decía:
¡PERDÓNAME HIJA! ¡PERDÓNAME!
Autor: Iliana Torres, Inmarcesible.
Nota: Si llegaste al final, comenta el mensaje que analizaste de esta historia. (Quiero leerlos)

