Ella era tan tierna, tan delicada como una rosa, tan completa, tan llena de amor, tiene un maravilloso corazón que no merecía a ésta bestia, porque si, era una bestia que no le importaba nada en realidad.
Cuando la conocí solo pensé en conquistarla y hacer como lo demás, quererla solo por una noche y olvidarla al terminar, porque en eso me convertí en una persona sin un poco de bondad.
Admito que al verla, mi ojos se exaltaron al ver su belleza, porque es hermosa, y por eso surgió mi capricho de tenerla.
Empecé a buscarla, siempre iba a un viejo parque y se sentaba a leer o a dibujar, no es una chica tan común, no es de esas que se dejan impresionar por un bello físico, y pues eso siempre me funciona pero con ella no fue así.
Un día solo me le acerqué y le pregunté que tenia días viéndola, que tenia curiosidad en saber cual era esa libro que tanto amaba leer, y tuve que fingir que me interesaba que me hablara de poesía, de sus autores favoritos, de sus libros ¿Era normal que leyera tanto? Pero, yo tenía mi objetivo.
Así pasó el tiempo, ella se fue enamorando de un chico perfecto, que amaba la lectura, que le encantaba pasar tiempo con ella, que la hacía sentir muy especial, porque ella se sentía tan diferentes a las demás, y pensó que yo también era diferente, pero soy una bestia igual que todos esos hombres, que solo quieren jugar.
Le pedí que fuera mi novia a los 6 meses, duro en responder pero dijo: «Si» me amaba, amaba lo que aparentaba ser , fui su primer beso, y aunque me sentí afortunado de serlo, me sentí tan bestia por no merecerla, por tenerla en un cruel engaño, por ocultarle mi verdadero rostro de fracasado.
Seguía saliendo con muchas chicas, pero cada día que pasaba, estar con ella se me hacia tan normal, tan especial, no era costumbre era que la estaba empezando a amar, quería decirle toda la verdad, pero sabía que diciéndole la perdería, incluso hasta su amistad así que decidí ocultar un poco más.
Llegó el día por él cuál todo esto había comenzado mi tan anhelado placer de hacerla mujer, de que perdiera su inocencia, esa inocencia que en realidad me empezó a conquistar, ella pensaba que hacia lo correcto, que la entregaba al hombre perfecto, y aunque ese era mi objetivo después de eso me di cuenta que ya no solo quería su cuerpo, que me había enamorado, que quería estar a su lado, por el resto de mi vida, porque su rara forma de ser la adoraba, su forma de hacerme reír me hipnotizaba, su forma de quererme, de hacerme sentir diferente, me encantaba.
Pero había un problema, la amaba y no podía permitir que esa hermosa princesa, estuviera con una bestia, así que decidí darle libertad, decidí decirle toda la verdad, recuerdo solo ver sus ojos que gritaban, y sólo salían lágrimas, no me decía absolutamente nada, sólo lloraba.
Le dije que con él tiempo me había enamorado, y que me perdonara, ella solo me miraba, no sé lo que pensaba, estaba tan desesperado en oír tan siquiera una palabra, pero no salía nada, solo lloraba.
Tenía la esperanza que me perdonara y que él amor que sentía me diera una oportunidad de volver a intentar conquistarla, pero me dijo: Te perdono, y te libero de tu bestia, me dio la espalda y se marchó.
No entendía, intenté buscarla y jamás apareció.
Pasaron los años y todavía me culpaba, todavía iba a ese viejo parque y leía, ella cambió mi vida, con ella fui una bestia, pero me cambio, me domino, la controló y me transformó en alguien mejor.
Un día que fui al parque había un libro, su libro favorito, se llamaba: «El Amor Transforma» y había una nota: Siempre supe quien eras, tú te trazaste una meta y yo tracé la mía a mi manera, y fue descubrir que había detrás de esa bestia y enamorarte con mi torpeza al punto de poder transformarte a mi manera.
No dije nada porque sabía toda la verdad, no lloraba de tristeza, lloraba de felicidad porque cumplí con el objetivo de liberar a esa bestia que no te dejaba amar y no te volví a buscar para que así decidieras cambiar.
Y si, te amé, siempre supe lo que hacía, no me arrepiento de nada, porque se en él hombre que te convertirías, te transformaste en esa mentira que fingías.
Qué ironía…
Lo supe desde que pusiste en mí tu vista.
-Iliana Torres, Inmarcesible